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Sep 01

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Este relato está basado en hechos reales

Master AulaSICLlegó septiembre y se terminaron las vacaciones. Es curioso, parece como si las vacaciones estuvieran fuera del tiempo común, como los sueños. Mientras duran, casi ni recuerdas nada que no sean otros viajes, otras vacaciones… y, tan pronto se acaban, pasan a ser un vago recuerdo, como los sueños.

Me siento en mi mesa de trabajo y, como ocurre cuando despiertas, me acuerdo de lo último que hice antes de irme de vacaciones. ¡Genial! Es un buen recuerdo.

Lo rememoro y así demoro un ratito el momento de volver a poner manos a la obra.

Era la primera semana de agosto. No estábamos aún de vacaciones porque debíamos finalizar algunos trabajos. En ese momento se habían cerrado ya, así que ese mismo día nos íbamos de vacaciones.

A última hora del día me pasaron una llamada. Era María, una antigua alumna.

María: –-¿No sé si me recordarás? Hice el Master de Trados de AulaSIC.

Me acuerdo. Debo de tener buena memoria porque recuerdo a muchos antiguos alumnos.

Yo: —Sí. Hola María. Me alegro de oírte ¿Cómo estás? ¿Cómo te van las cosas?

María: —Agobiada y muy cansada, tengo que solucionar un tema antes de irme de vacaciones, pero luego me voy sí o sí. Lo necesito.—

Yo: —¿Y eso? ¿Tienes mucho trabajo?

Se lo pregunto porque recuerdo que cuando María vino a informarse sobre el Master de Trados, hace justamente dos veranos, estuvo hablando conmigo. Era una chica joven que hacía un par de años que intentaba abrirse camino en el mundo de la traducción y su principal preocupación (como la de la mayoría) era tener clientes, conseguir encargos… en definitiva, conseguir vivir de la traducción.

María: —Mucho no, muchísimo. Desde que acabé el Master no he parado ni un momento.

Yo: —¡Fantástico! Me alegro mucho. Eso es genial ¿no?

María: —Bueno, sí y no, porque tengo tanto trabajo que a veces ni tengo tiempo de dormir, ni fines de semana… Hay veces que diría que incluso tengo demasiado.

Yo: —Eso tiene solución. Busca colaboradores en los que puedas confiar y delega trabajo.—

María: —Sí, lo sé. Alguna cosa he hecho ya pero aún me cuesta… por si acaso (ríe). No acabo de acostumbrarme a tener tanto trabajo y pienso que luego igual viene menos. De todas formas ahora ya lo veo claro y este año voy a buscar colaboradores.
El año pasado ni tomé vacaciones por el trabajo que tenía. Este año ya he dicho que no a un par de encargos y me marcho. Lo necesito.

Yo: —¡Bien hecho! Seguro que las disfrutas después de tanto trabajar. La ventaja es que ahora puedes irte tranquila y sin problemas económicos ¿no? ¡Que eso ayuda a relajarse también!

Nos reímos las dos con ganas y yo pienso que ojalá pudiera hacer que oyeran esta conversación todos los jóvenes (y no tan jóvenes) que tienen las mismas dudas que tenía María cuando vino a informarse sobre el Master: ¿Le ayudaría una buena formación a nivel tecnológico a posicionarse como traductora? ¿Valía la pena la inversión en tiempo y dinero?

Le prometo a María que enseguida le envío un correo con lo que me pide y nos despedimos. La última cosa que hago es mandarle el correo y apago el ordenador para irme de vacaciones. ¡Por fin!

Antes de salir por la puerta pienso que, durante las vacaciones, escribiré algo sobre esta conversación… pero ya ni me acuerdo más, hasta hoy.

PS: Tras releer este post veo que tiene un cierto estilo novelado. Será que he leído mucho durante las vacaciones. En cualquier caso, para que no quede duda y siguiendo con el mismo estilo: «Este relato está basado en hechos reales».

 

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