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Abr 13

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Un clic vale más que una palabra

En nuestro papel como asesores tecnológicos con profesionales freelance y agencias de traducción cada vez son más recurrentes las preguntas sobre la gestión de grandes volúmenes de traducción.

¿Acaso ha cambiado el mercado y estamos ante un brote verde descomunal?
Probablemente no será válida la respuesta que aparece encerrada en la propia pregunta. De hecho: ¡Qué más quisiéramos!

Mucho me temo que en cuanto a los trabajos en grandes volúmenes lo que se está generalizando es una mezcla explosiva de complejidad tecnológica y caída en picado del precio por palabra, por lo que los protocolos de trabajo de toda la vida ya no son válidos.

Algunas agencias, ya que en general este tipo de proyectos suele recalar generalmente en agencias, han abandonado el solipsismo habitual imperante en una buena parte de la profesión y han empezado a valorar la situación bajo otro prisma.

Si de lo que se trata es de obtener beneficios con nuestros servicios, la pregunta que debería hacerse cualquier profesional ante un encargo de traducción debería ser: ¿La traducción de proyecto puede ser rentable? Si la respuesta es positiva da lo mismo si estamos tratando de traducciones de menos de cinco, de tres o, incluso, de menos de dos céntimos de euro por palabra Y sí, estas son las cantidades que se están barajando ahora en el mercado en precios para cliente final. El objetivo es obtener un beneficio justo, no la tarifa por palabra en sí misma.

La siguiente pregunta que deberá plantearse nuestra agencia, si cree que puede responder afirmativamente a la primera, será: ¿Y de qué forma debe procederse para que ese proyecto sea rentable?

Evidentemente, la pregunta tiene muchas facetas y cada una necesitará sus respuestas. Desde determinar qué relación contractual va a establecerse entre agencia y freelancers (y que nadie se lleve a engaño: o todos ganan o todos pierden) al método de trabajo, todas las fases del proyecto deberán ser analizadas y redefinidas para alcanzar el objetivo de la rentabilidad.

Pues bien. Si tenemos en cuenta que traducir, lo que se dice traducir, no ha cambiado nada y que sea cual sea el método utilizado el tiempo de traducción intrínseco es siempre el mismo ¿Dónde tenemos un margen de producción suficiente para reducir los tempos de traducción?

Evidentemente la respuesta: “Las herramientas TAO”, no sirve. Ese tipo de programas ya hace tiempo que han sido asimilados por el mercado y los clientes ya se han apropiado de los ahorros en traducción inherentes al sistema.

En otros artículos hemos abordado los procesos relacionados con la terminología o el control de calidad (junto con la validación de esos controles) como elementos adicionales de productividad. Aquí vamos a hablar del proceso mismo de traducción y es dónde nuestro título toma especial relevancia.

En un proyecto reciente (que todavía está en danza, así que me vais a perdonar que me muestre reservado) el desproporcionado volumen de datos hacía prácticamente inviable su gestión clásica. Entre otros problemas, ordenadores con 12 o 16 Gb de memoria RAM presentaban regularmente el mensaje Out of memory.

¿Cómo, pues, es posible llevar a cabo este proyecto?: Reconvirtiendo el flujo de la traducción y haciéndolo no lineal.

Los archivos originales están siendo tratados con el programa TAO solicitado por el cliente de la forma clásica. Sin embargo, nuestro objetivo, en la gestión técnica del proyecto, no es la traducción en sí, sino la obtención de una memoria que abarque todo el proyecto. Y dado que aún no se ha traducido ni una sola palabra, nuestra memoria corresponde al par Idioma de origen – No disponible.

Un nuevo proyecto, esta vez sobre la extracción a un simple documento texto (Bloc de notas o similar) de todos los segmentos, junto con la apropiada modificación de los elementos de segmentación, nos permiten proceder una traducción que corresponderá al total de los segmentos del proyecto fuente.

Evidentemente con el añadido de varias memorias intermedias obtenidas a partir de separar los segmentos por número de palabras con el objetivo de generar la pretraducción masiva de determinados elementos simples.

Por ejemplo, en nuestro caso, uno de los subproyectos, de más de 2 millones de palabras quedó, en el primer paso, reducido a algo más medio millón.

Sin embargo, con un análisis somero se puede argüir que la traducción del proyecto original completo, a base de repeticiones, también aplica esa reutilización. La diferencia está en que, en un proyecto abierto, deberemos validar todos y cada uno de los segmentos, mientras que, en nuestro proceso, ante segmentos unívocos procedemos a una pretraducción y un bloqueo que se realiza automáticamente.

Siguiendo con el proyecto que estoy utilizando como ejemplo un determinado bloque de información aparecía más de un cuarto de millón de veces. Dado que el propagado automático no valida el segmento (bueno, sí que puede validarlo, pero entonces también validará otras autopropagaciones y correremos el peligro de pasar por alto las traducciones erróneas). Por ello, aunque solo dediquemos un par de míseros segundos (y es ser muy generoso) a validar cada una de estas entradas, el cómputo total para el proyecto sería de medio de millón de segundos o, lo que es lo mismo veinticuatro (24) días de cliqueo ininterrumpido. Mediante nuestro proceso de trabajo esta casuística concreta queda resuelta en poco más de cuatro horas.

Y solo es un ejemplo de lo que es posible, ya que son más los procesos para reducir los tiempos, y por ende los costes, en casi cualquier proyecto.

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1 comentario

  1. Marce

    Muy buen aporte!!

    Llevo un tiempo trabajando con mi propio e-commerce y toda esta información es muy valiosa para todos los que empezamos por libre…pasé varios años trabajando como freelance en diferentes agencias de traducción, la última de ellas http://www.bigtranslation.com entre otras y bueno los ”protocolos de toda la vida” sí es cierto que se están quedando obsoletos para dar paso a ”nuevos brotes verdes”….

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