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Jun 28

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Traducir no es lo mismo que comprar un billete de avión on-line

TranslateHace unos cuantos años, cuando todavía era estudiante del 5º curso de Filología Inglesa, recibí un encargo de revisión de un texto traducido del castellano al ruso para una página web. El cliente tenía intención de iniciar su carrera como emprendedor y para ello pretendía crear una empresa de traducciones a escala internacional, con presencia en varios países e idiomas. Una característica especial de la web era la de la existencia de una lista bastante larga de traductores. Yo, muy entusiasmada, acepté el trabajo (¡qué guay, me han ofrecido ser redactora!). Para mí, una jovencita con muchas ganas de trabajar y de poder colaborar con una empresa tan importante y tan prometedora, sí, precisamente eso, mucho hablar y luego nada de nada, era una etapa nueva en mi carrera profesional.

Bueno, el cliente me pasa el texto y, a mi asombro, añade que ya había traducido todo él solito. ¿Cómo? ¿Desde cuándo tiene un nivel tan elevado de ruso? «Nada, es muy fácil: – me dice -«metí el texto en el traductor de Google y ya está». Me lo dijo así, como si fuera buscar un hotelito en booking.com o comprar un billete de Vueling! Uhm, veremos qué salió del «todopoderoso» Google. Mi trabajo consistía solamente en revisar algunos casos (en ruso tenemos ¡6 casos!), coherencia en terminaciones de singular femenino-masculino-neutro y un par «de cositas más».

Ok! Manos a la obra. Llego a casa, enciendo mi ordenador, introduzco el archivo y … ¡OMG! ¿Qué es esto? Por favor … Las palabras resonando en cada dos o tres líneas del siguiente tipo: satisfacción del cliente, servicios agradables, cliente contento, azafatas, chicos y chicas, profesionales en su área, ambiente relajado … Aha, sólo faltaban ¡un cartel de neón y un par de chulos en la puerta! Os dais cuenta, ¿cómo lo tradujo? ¿Qué efecto tenía aquel texto? Por favor, parecía un anuncio cutre de un club de carretera. Me quedé boquiabierta. Al principio no me lo podía creer lo que estaba leyendo; luego me entró una risa floja; al enterarse de mi risa, llegó mi hermana y le enseñé lo que había delante de mis manos … ja ja ja, sí, nos reímos mucho, muchísimo!

Fue gracioso leer el texto original – todo serio, formal y profesional – y después compararlo con la versión traducida por el Google. El Google, pobrecito mío, cogió y tradujo todo literalmente, palabra por palabra. Sí, el todopoderoso Google también tiene sus límites – eso le dije a mi cliente vía telefónica. El muchacho se quedó de piedra cuando le comenté qué significaba el contenido de aquel texto traducido al ruso. Él, que pensaba que tenía todo bajo control, se vió abrumado primero por su ingenuidad y segundo porque se dio cuenta de que el mundo de traducciones no es «meter en el Google y sacar el texto relevante, correctamente traducido y profesionalmente redactado». Luego, normal, nos reímos juntos :) Fue muy divertido, de verdad!

Cada idioma es un mundo. Un mundo bonito y lleno de dobles sentidos, de diferencias semánticas bestiales, de significados suyos propios. Bueno, no estoy aquí para entrar en el maravilloso mundo de Chomsky y Saussure, pero ya sabéis más que yo de qué estoy hablando, ¿verdad? ;) Cada vez que me debaten lo típico «para qué necesitaría servicios de un traductor si hay muchas herramientas por ahí y cosas como aprender francés en 30 días«, no entro en la disputa necia y siempre me acuerdo de esta anécdota que os acabo de contar.

P.D.: sí, al final, tuve que traducir la página web manualmente. Se me caería la cara de vergüenza ante mis paisanos de presentar un texto «sacado del traductor de Google» (con todo mi respeto hacia el Google y sus herramientas, eh!)

 


Alía Gafieva

 
Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla y Técnica en Transporte Multimodal y Relaciones Internacionales

Alumna del curso de AulaSIC Web 2.0 para traductores

Image: FreeDigitalPhotos.net

4 comentarios

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  1. Ester Capdevila

    Hola Aliya,

    Tu artículo resume perfectamente el desconcierto que nos causa ver que todo este mundo (el de la traducción, la revisión, la edición) es a menudo absolutamente desconocido para una gran mayoría. Desde fuera se tiende a pensar que si ‘hay cierto conocimiento’ del idioma ya basta para traducir. También sucede que cuando uno es traductor a un idioma, a menudo tiene que rechazar, por honestidad, las ofertas de traducciones inversas. Y no siempre se entiende por qué. Supongo que es importante transmitir claramente que leer un idioma y hablarlo no significa que de forma automática se escriba bien.

    Un saludo,
    Ester

    1. Aliya

      Esther,

      gracias por tu comentario :)

      Tienes toda la razón: no siempre el dominio de un idioma da todo el derecho de ejercer como traductor. Por eso y por muchos más motivos, todos tenemos que formarnos continuamente como traductores con el fin de ofrecer el mejor resultado. Así que, sigo trabajando duro y sigo estudiando más duro todavía :)

      Un abrazo,

      Alía

  2. Yolanda Antón

    Hola, Alía:

    Me ha encantado tu artículo y creo que define muy bien la realidad diaria del traductor.

    A menudo, nos enfrentamos con gente que no entiende muy bien nuestro trabajo ni «para qué estamos» realmente (dado que existen traductores automáticos maravillosos que podrían evitarnos todo ese trabajo) y, claro, ello tiene como consecuencia el poco respeto que, en muchas ocasiones, se muestra hacia nuestra bonita y sacrificada profesión.
    A mi me encantaría ver cómo reaccionaría un arquitecto si le vamos con unos planos que hemos hecho nosotros mismos, porque «más o menos creemos que tenemos idea de diseño» y le pedimos una «rebajita» ya que, total, «se trata sólo de que compruebe que los cálculos básicos cuadran y de que ponga un sellito de nada»…
    Seguro que sobre esto podríamos seguir hablando largo y tendido y no acabaríamos nunca, así que, me parece fantástico acordarnos de ejemplos como el tuyo cada vez que un cliente pretenda tomarnos el pelo.

    Un saludo,
    Yolanda

    1. Aliya

      ¡Muchas gracias por tu comentario Yolanda!

      Sí, has puesto una comprativa de arquitecto que sirve de un ejemplo maravilloso – muy poca gente se da cuenta de la importancia de un trabajo bien traducido. Al fin y al cabo, somos los mensajeros de la idea final. Si el receptor no capta bien ni de la misma forma el mensaje original del emisor, se considera que es el fallo del traductor. Por eso y por muchos motivos más tenemos que esforzarnos diariamente en nuestro trabajo.

      P.D.: Disculpa por responder tan tarde – he estado ausente todos estos días y sin la buena cobertura de internet.

      Un abrazo,

      Alía

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