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Dic 20

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¡Lo quiero para ayer!

Pocas cosas me meten miedo en el mundo laboral, realmente muy pocas. De momento he trabajado en todo tipo de trabajos desde bien jovencito y he sido muy echado para adelante en todo lo que se me ha encomendado. Soy autónomo desde hace años y realmente no he empezado a traducir profesionalmente hasta hace poco, y poco es la palabra que define mi trayectoria como traductor puesto que he compaginado esta actividad con otras a las que he dedicado mucho más tiempo. Lo dicho, nada me hace sudar tanto como escuchar la maldita frase en boca de un cliente, o más bien leerla en un correo electrónico o incluso en un WhatsApp: “lo quiero para ayer”.

Es leer esta frase y verlo todo negro, me empiezo a poner nervioso, abro el archivo y lo leo todo de una manera muy alborotada, pasando por alto algunos detalles, curiosamente, el tiempo corre más rápido de lo normal, casi tan rápido como pasan los días previos a pagar la hipoteca, y empiezo a trabajar, no sin antes dejar todo lo que estaba haciendo, la limpieza de la casa podrá esperar otro día, y ya más calmado comienzo a traducir ese texto que a pesar de estar ahora en gabinete de crisis, esperaba ansiosamente para trabajar esa semana que andaba un poco colgada.

Es entonces cuando pienso más relajado, calculo el presupuesto y esbozo una sonrisa y me digo: “no te chines, dale caña y entrégalo cuanto antes”. Lo bueno ya lo conozco: es cliente habitual y confía en mí, lo malo, me lo imagino: aunque este texto me lo podían haber enviado hace 3 días, estaré sin dormir hasta el jueves.

Fuera de imaginaciones mías y demás, el cliente es un tío genial y hay que cumplir con él y hay que echar las horas que hagan falta para tenérselo el jueves, y ahí es donde viene lo bueno, no hay cosa que me haga más ilusión que acabar todo estresado un encargo el jueves alrededor de las 9 de la noche después de haber estado 3 días sin dormir bien con la preocupación de no llegar a tiempo. ¿Por qué me hace tanta ilusión? Pues muy sencillo, me pego una ducha y salgo al Berlín a tomar unas cañas de jueves con mis amigos de las cañas de los jueves, un par da cañas y unos pinchos mientras nos echamos unas risas hasta la una de la mañana como muy tarde que el viernes hay que preparar otro encargo y las clases de la tarde y a lo mejor, con un poco de suerte, puede que continúe con la limpieza de la casa.

Aunque muy satisfecho por la entrega con éxito del encargo, me paro a pensar: “qué fácil hubiera sido que me lo hubieran mandado con antelación, ¡cuánto sufrimiento nos hubiéramos ahorrado!”

 

Imagen: © Darren Hester for openphoto.net

 

Jaime Vía
Traductor
Alumno del curso de AulaSIC Web 2.0 para traductores

 

 

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